“puntofijista” deominado asi por la influencia que tuvo en él el acuerdo político entre los partidos AD, COPEI y URD después de la caída de Marcos Pérez Jiménez a comienzos de 1958, y que terminó convirtiéndose en un sistema bipartidista dominado por las dos primeras organizaciones políticas hasta que comienza su descomposición en los ‘90 y culmina en 1999, el que podemos designar provisoriamente como “bolivariano” o “chavista”,que se instaura con el triunfo electoral del “Polo Patriótico” y con la sanción de la nueva Constitución.
Allí está una de las claves del drama de la Venezuela “puntofijista”. El estado y los partidos que lo hegemonizaban coparon todos los espacios. A su vez, el estado era “intervenido” por sectores económicos, políticos y financieros que, como verdaderas mafias, se apoderaban de la renta petrolera. La propia industria petrolera nacionalizada comienza una tendencia a realizar grandes
inversiones en el exterior. A partir del colapso financiero de febrero de 1983 se rompe el modelo de acumulación y los salarios reales comienzan un declive que durará todo el período, hasta la actualidad.
A su vez el movimiento sindical sufre un fuerte retroceso por la política del presidente Herrera Campins y con la intervención del Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV). Políticamente la década comienza, en realidad, en febrero del año anterior con el “Caracazo”. Sin embargo con la propuesta de “reforma económica” denominada “El Gran Viraje” Pérez II prescinde de los partidos (con un sordo enfrentamiento con la propia Acción Democrática) ignora y margina al “buró sindical” (Iranzo, 1996). Los condicionamientos de los cambios mundiales entran en contradicción con el esquema político y económico que sostenía el esquema sindical hegemónico. El gobierno ha pretendido desde entonces llevar a cabo elecciones sindicales “desde el estado”, sea por intervención de la Asamblea Constituyente, de la Asamblea Nacional o actualmente del Consejo Nacional Electoral.
Para ello debemos comprender que el sindicato no es parte del estado, que hay que respetar los espacios de la sociedad civil. Y lo primero que el estado debe garantizar, desde ese punto de vista, es la autonomía sindical: la democracia sindical será obra de los propios trabajadores. Este es el esquema adoptado por la Constitución del 99, La historia y las estructuras del movimiento sindical, pues, están ligadas e interrelacionadas con los demás factores y mecanismos del sistema de relaciones laborales y del sistema político.
En América Latina es común escuchar con mayor o menor veracidad histórica que los partidos fundaron los sindicatos, pero ahora la tendencia parece revertirse con la creación de partidos políticos por parte del movimiento sindical , cuyo caso más claro es en Brasil el Partido de los Trabajadores. Este desarrollo político suele acompañarse con el desarrollo organizativo: el
movimiento sindical en la arena política desarrolla estructuras que lo identifican con el sindicalismo de masas. En este sentido, ha desarrollado el paso del sindicalismo de cuadros al sindicalismo de masas, generando una institucionalidad sindical.
Si bien el taylorismo y el fordismo tuvieron una implantación desigual y relativamente restringida entre nosotros, la nueva etapa ha impactado seriamente en nuestras sociedades, tanto con su aporte a las distorsiones del mercado de trabajo como con sus impactos culturales y políticos: el principal enemigo del movimiento sindical es el desempleo.
En efecto, el mundo en general y la región en particular viven un proceso de deterioro acelerado del poder del estado-nación, desigualmente manifestado y causado por una multiplicidad de procesos. La pérdida creciente de poder económico frente a las empresas transnacionales y frente al impresionante aumento del comercio mundial, sobre todo entre los países desarrollados. En nuestros países la deuda externa ha colocado a nuestras economías en una situación muy comprometida frente a los centros financieros internacionales. Gran parte de los presupuestos públicos están afectados al servicio de las obligaciones contraídas.
Allí está una de las claves del drama de la Venezuela “puntofijista”. El estado y los partidos que lo hegemonizaban coparon todos los espacios. A su vez, el estado era “intervenido” por sectores económicos, políticos y financieros que, como verdaderas mafias, se apoderaban de la renta petrolera. La propia industria petrolera nacionalizada comienza una tendencia a realizar grandes
inversiones en el exterior. A partir del colapso financiero de febrero de 1983 se rompe el modelo de acumulación y los salarios reales comienzan un declive que durará todo el período, hasta la actualidad.
A su vez el movimiento sindical sufre un fuerte retroceso por la política del presidente Herrera Campins y con la intervención del Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV). Políticamente la década comienza, en realidad, en febrero del año anterior con el “Caracazo”. Sin embargo con la propuesta de “reforma económica” denominada “El Gran Viraje” Pérez II prescinde de los partidos (con un sordo enfrentamiento con la propia Acción Democrática) ignora y margina al “buró sindical” (Iranzo, 1996). Los condicionamientos de los cambios mundiales entran en contradicción con el esquema político y económico que sostenía el esquema sindical hegemónico. El gobierno ha pretendido desde entonces llevar a cabo elecciones sindicales “desde el estado”, sea por intervención de la Asamblea Constituyente, de la Asamblea Nacional o actualmente del Consejo Nacional Electoral.
Para ello debemos comprender que el sindicato no es parte del estado, que hay que respetar los espacios de la sociedad civil. Y lo primero que el estado debe garantizar, desde ese punto de vista, es la autonomía sindical: la democracia sindical será obra de los propios trabajadores. Este es el esquema adoptado por la Constitución del 99, La historia y las estructuras del movimiento sindical, pues, están ligadas e interrelacionadas con los demás factores y mecanismos del sistema de relaciones laborales y del sistema político.
En América Latina es común escuchar con mayor o menor veracidad histórica que los partidos fundaron los sindicatos, pero ahora la tendencia parece revertirse con la creación de partidos políticos por parte del movimiento sindical , cuyo caso más claro es en Brasil el Partido de los Trabajadores. Este desarrollo político suele acompañarse con el desarrollo organizativo: el
movimiento sindical en la arena política desarrolla estructuras que lo identifican con el sindicalismo de masas. En este sentido, ha desarrollado el paso del sindicalismo de cuadros al sindicalismo de masas, generando una institucionalidad sindical.
Si bien el taylorismo y el fordismo tuvieron una implantación desigual y relativamente restringida entre nosotros, la nueva etapa ha impactado seriamente en nuestras sociedades, tanto con su aporte a las distorsiones del mercado de trabajo como con sus impactos culturales y políticos: el principal enemigo del movimiento sindical es el desempleo.
En efecto, el mundo en general y la región en particular viven un proceso de deterioro acelerado del poder del estado-nación, desigualmente manifestado y causado por una multiplicidad de procesos. La pérdida creciente de poder económico frente a las empresas transnacionales y frente al impresionante aumento del comercio mundial, sobre todo entre los países desarrollados. En nuestros países la deuda externa ha colocado a nuestras economías en una situación muy comprometida frente a los centros financieros internacionales. Gran parte de los presupuestos públicos están afectados al servicio de las obligaciones contraídas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario