sábado, 16 de mayo de 2009

determinantes estructurales de la sobreexplotacion del trabajo femenino en venezuela

El presente análisis aborda la categoría sobre explotación y su aplicación en el caso del trabajo femenino en Venezuela. La sobrexplotación del género se entiende como un fenómeno estructural inherente a las características propias de una economía periférica que presenta un conjunto de desequilibrios en su mercado laboral. En este sentido, se aprecia además de una explotación clasista que recae sobre importantes sectores de la fuerza de trabajo, una explotación de género que se evidencia en las disparidades hombre mujer en el mercado de trabajo y que dan cuenta de una profunda división sexual del trabajo.

El aumento de la intensidad del trabajo aparece, en esta perspectiva, como un aumento de plusvalía, logrado a través de una mayor explotación del trabajador y no del incremento de su capacidad productiva. Lo mismo se podría decir de la prolongación de la jornada de trabajo, es decir, del aumento de la plusvalía absoluta en su forma clásica; a diferencia del primero, se trata aquí de aumentar simplemente el tiempo de trabajo excedente, que es aquél en el que el obrero sigue produciendo después de haber creado un valor equivalente al de los medios de subsistencia para su propio consumo. Habría que señalar, finalmente, un tercer procedimiento, que consiste en reducir el consumo del obrero más allá de su límite normal. Son las tres vías para la acumulación del capital desde la periferia: la intensificación del trabajo, la prolongación de la jornada de trabajo y la expropiación de parte del trabajo necesario al obrero para reponer su fuerza de trabajo, todo ello configura un modo de producción fundado exclusivamente en la mayor explotación del trabajador, y no en el desarrollo de su capacidad productiva.

En cuanto a la sobreexplotación del trabajo femenino esta es inherente a las sociedades capitalistas que consolidan el predominio del hombre sobre la mujer y que se manifiesta en fuertes desventajas en la condición laboral de las mujeres.

En cuanto al desempleo, el análisis del mismo durante las dos últimas décadas revela que las políticas de estabilización macroeconómica han dejado sentir sus peores efectos en la generación de puestos de trabajo, “El incremento del empleo de las mujeres durante la presente década no fue suficiente para absorber la creciente oferta de mano de obra femenina. Por ello, la desocupación casi se duplica en el período. Además, también aumenta la brecha de desempleo entre hombres y mujeres.

Otro componente de la sobrexplotación la encontramos con la introducción de procesos flexibilizadores en el aparato productivo. Tal como se conoce la flexibilidad laboral se clasifica en interna y externa. La interna se refiere a los cambios que se introducen en los modelos productivos, mientras que el externo se refiere a las relaciones y condiciones de trabajo, la flexibilidad en este orden apunta a la desregulación de las normas existentes y busca un aumento de la tasa de ganancia.

En el caso de la mujer latinoamericana su inserción laboral ha estado condicionada por los modelos de desarrollo. En la fase de industrialización por sustitución de importaciones la presencia femenina era poco menos que relevante, es a mediados de los ochenta que esta incorporación se hace más notoria, destacándose en las últimas décadas un fuerte proceso de tercerización del trabajo femenino en gran parte de la región; mientras que en la fase de reestructuración productiva la mano de obra femenina se desplaza del sector productivo al terciario. Desde el punto de vista laboral esto tiene sus consecuencias, culturalmente se forma un criterio de las profesiones y su remuneración, y obviamente, las tareas y profesiones que se consideran “femeninas”, serán las peores remuneradas. Del mismo modo se genera una falsa conciencia en las mujeres, incluso en aquellas con nivel educativo quienes internalizan la cultura patriarcal y la de subordinación.

La sobrexplotación de las mayorías femeninas tiene su explicación en las limitaciones estructurales de nuestro capitalismo periférico caracterizado por un modelo económico desigual y segregativo. Así mismo, se explica por la reproducción superestructural de la ideología patriarcal que refuerza la subordinación y discriminación de la mujer.

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